EL AJEDREZ
Sábado 24 de Abril de 2010 18:14

  

"El pacto que haré con ellos después de aquellos días será este, dice el Señor: Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente.Y no me acordaré más de sus pecados y maldades."

 

Gari Kimovich Kaspárov, nacido el 13 de Abril de 1963 en Bakú, Acerbaiyán, es un Gran Maestro de ajedrez ruso, ex –Campeón del mundo de ajedrez, escritor y activista político. Se convirtió en el Campeón del Mundo más joven de la historia en 1985. Mantuvo el título mundial oficial de la FIDE hasta 1993. En Febrero de 1996, en Filadelfia, la computadora de ajedrez de IBM Deep Blue, derrotó a Kaspárov en una partida utilizando controles de tiempo convencionales en la primera partida del match. Pero Kaspárov se recuperó bien, consiguiendo tres victorias y dos tablas, para ganar fácilmente el match. Kaspárov había demostrado un control de estrategia mucho más allá de las aplastantes tácticas de fuerza bruta de la máquina. Deep Blue podía calcular 200 millones de posiciones por segundo, pero carecía de la sensibilidad necesaria para apoderarse de la sutileza del juego posicional, sello de la verdadera maestría.

 

Lo oí comentar brevemente en televisión y me hizo pensar que las obras de Dios son superiores a las de los hombres. Miré en Internet y comprobé en el escrito anterior con más detalle que eso era verdad. Se trataba de una competición entre una máquina inteligente creada por los científicos humanos, usando los elementos existentes y el cerebro que Dios diseñó y creó de la nada para toda la humanidad. Ganó la partida la mente de Kaspárov. Evidencia de su superioridad. Aunque algunas personas crean que el físico cerebro humano fue formado por casualidad, aún no saben cuando fue transformado en mente pensante, discriminante y determinante.

 

En La Biblia, Dios dice: "¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio y su entendimiento no hay quien lo alcance" (Isaías 40:28) El salmista reconoce: "Grande es el Señor nuestro y de mucho poder; y su entendimiento es infinito" (Salmos 147:5). Y el apóstol Pablo dice: "Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Romanos 1:19-20).

 

Una mente normal, debe reconocer que su cerebro, su mente, su fisiología, su voluntad, su personalidad, su alma inmortal, lo debe a su Padre Celestial.